Análisis de NEO: The World Ends With You – Todavía más innovador y rupturista que el original, y ni un ápice menos relevante

No importa nuestra edad, nuestro trasfondo o nuestras circunstancias: todos hemos tenido quince años alguna vez, y entendemos las inevitables problemáticas asociadas a ello. A pesar de que nuestras preocupaciones de aquel entonces puedan parecernos ahora relativamente vacías, enfrentarnos al momento de nuestras vidas en el que empezamos a buscar desesperadamente la manera de identificarnos y encajar en el mundo no tiene nada de baladí. Y si tantísimas obras, tanto en el videojuego como en otros medios, se han dedicado a explorar esta etapa de nuestra vida es precisamente por la universalidad de esa cierta angustia específica de cuando dejamos atrás la infancia, sin preocupaciones ni responsabilidades, y nos movemos hacia un mundo mucho más complejo y apenas preocupado por satisfacer nuestras necesidades individuales. Algunos comienzan este proceso antes, y otros lo hacen después, pero inevitablemente existe un punto en el que la adolescencia se empieza a sentir un poco extraña, preludio turbulento e incierto del resto de nuestras vidas; y es en este lapso indeterminado hacia el que NEO: The World Ends With You quiere trasladarnos.

Suena tópico, pero también es ineludible: el The World Ends With You original era una obra radicalmente adelantada a su tiempo. Con una estética muy marcada, unas temáticas todavía más sólidas y la férrea dirección y diseño de un Tetsuya Nomura que todavía no era el gigantesco nombre que es a día de hoy, el juego no sólo nos traía hacia un universo inspirado directamente por las particularidades y las corrientes artísticas y visuales de la región de Shibuya, sino que lo hacía poniendo al límite las posibilidades de una consola que remaba tan a contracorriente como sus protagonistas: la Nintendo DS. Así, el año 2007 veía nacer un título que ponía todos sus esfuerzos en crear una experiencia diferente y única a través de las peculiaridades concretas de su hardware. Un sistema de combate construido a medida del uso de la doble pantalla y los controles táctiles, unas dinámicas de progreso pensadas para una portátil que nos cabía en el bolsillo y unos personajes y una historia prácticamente a la par con la edad media de su público. Quienes jugamos The World Ends With You cuando nuestros años todavía se contaban en decenas hemos crecido mucho desde entonces; y, por suerte, The World Ends With You ha crecido con nosotros.

No es que crea que quienes sean ahora adolescentes no vayan a empatizar y a disfrutar del título. De hecho, creo que uno de sus mayores valores está, precisamente, en ofrecer una presentación de la adolescencia tan compleja y profunda que puede apelar tanto a quienes tengan ahora mismo la edad de los protagonistas como a quienes ya apenas se sientan en contacto con su niño interior. Eso sí: el juego tiene prácticamente siempre las vistas puestas en el fan, o al menos en quien haya jugado ya al título anterior. Es por eso que, a pesar de que se puede entender perfectamente lo que sucede, quizás recomendaría a los nuevos jugadores que le echasen un vistazo al título de 2007 – o a cualquiera de sus versiones posteriores – antes de acercarse a esta nueva experiencia.

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