
Si he extraído una idea clave de las decenas de horas que he pasado jugando a The Great Ace Attorney Chronicles, quizás sea que la decisión de publicarlos en Occidente como un mismo juego – en vez de como dos entregas separadas, como sucedió en Japón con los lanzamientos originales – es un total y absoluto acierto. Y uno de los puntos más sorprendentes de estas aventuras gráficas es precisamente la manera en la que este spin-off de Phoenix Wright es capaz de no solo establecernos un nuevo elenco de personajes y circunstancias totalmente diferentes a los de la saga original, sino de crear un universo cohesivo y complejo, en el que prácticamente ninguna información o circunstancia es irrelevante y casi siempre tendrá repercusiones más tarde.
The Great Ace Attorney Chronicles, como decía, es una saga paralela dentro del universo Ace Attorney que nos emplaza en algún punto del siglo XIX, en el Londres de la era victoriana. Su protagonista será Ryunosuke Naruhodo, un abogado en ciernes – y ancestro del Phoenix Wright que ya conocemos – que se traslada a Reino Unido para estudiar el sistema judicial europeo, con el objetivo de volver más tarde a Japón y ayudar al país en el establecimiento de su sistema legal durante la época Meiji. Si bien es cierto que quienes sean fans de la saga apreciarán algunas referencias, estereotipos o paralelismos narrativos al respecto de los juegos previos, el presente título se plantea como una de las mejores – y más sencillas – puertas de entrada a la saga de abogados de Capcom. No necesitamos saber nada de antemano, las mecánicas son, en general, su mejor versión posible en estas entregas, y el elenco y las historias que se plantean están escritas con una gracia con la que es muy difícil no encandilarnos.
Cada juego se compone de cinco capítulos, y a su vez cada uno de ellos se corresponde a un caso al que nuestro joven abogado tendrá que enfrentarse. En general, la estructura de cada uno de ellos consiste en una investigación previa al juicio, en la que recopilaremos distintas pistas y hablaremos con las partes involucradas, y un juicio en el que trataremos de defender la inocencia de nuestro cliente presionando y buscando inconsistencias en los testimonios de los testigos. En muchas ocasiones, y sobre todo en los capítulos centrales, el primer juicio dará pie a una segunda fase de investigación para comprobar detalles o añadir nuevas pruebas a las que ya tenemos. En este sentido, hay que señalar que el primer juego experimenta un poco más en lo que respecta a la estructura: habrá capítulos sin juicio, en el que el caso se resuelva únicamente en la investigación, o capítulos en los que vamos al juicio a toda prisa, sin tiempo de investigar, y nos vamos enterando de lo sucedido sobre la marcha. El segundo juego se ciñe más a la estructura tradicional de la serie, y en ocasiones esto juega en su contra, siendo el capítulo 3, por ejemplo, un punto más enrevesado de lo que nos gustaría por este mismo motivo. Como contraposición, los capítulos finales de cada juego son particularmente largos, pero también particularmente brillantes en lo que respecta a la narrativa, la calidad de los giros de guión y las repercusiones sobre los personajes. Si algo destaca, como comentaba antes, es el hecho de que no hay aquí tan apenas los típicos «casos de relleno» más habituales en otras entregas de la franquicia de Capcom: si algo sucede, es porque tendrá importancia más tarde, y la manera en la que ambos juegos hilan entre sí determinados misterios y tramas hacen que su historia parezca particularmente prodigiosa. Terminar el primer juego implica querer saltar directamente al segundo, deseosos de saber más sobre esos cabos que han quedado sin atar; terminar el segundo implica querer, desesperadamente, una segunda parte que nos haga pasar más tiempo junto a estos personajes.