JBL tiene esa reputación un tanto equivocada de marca para el verano. La de los altavoces en la playa, los que suenan en los chiringuitos, los que regala alguien en Navidad y acaban en el cuarto de baño reproduciendo podcasts. Sus auriculares de diadema vuelan por debajo del radar de mucha gente, y esa percepción, después de dos semanas con los novísimos JBL Live 780NC en las orejas, nos parece bastante incorrecta.