
¿Alguna vez te han preguntado con qué animal te identificas más o cuál es tu favorito? Tómate tu tiempo para rebuscar en tu memoria, no hay prisa. Si la respuesta es afirmativa, hay altas probabilidades de que en algún momento de tu vida laboral hayas dado con tus huesos en un proceso de selección de esos en los que se hacen dinámicas de grupo, la gente debate intensamente sobre lo que haría con una variopinta selección de objetos en una isla desierta y, al final, se están dejando la piel para ser archiveros en una fábrica de tornillos o algo igual de relacionado con emplear una zodiac como tienda de campaña y transporte a la vez. El caso es que, salvo que te guste el riesgo u observar las reacciones de los demás, contestar a tu entrevistador «me identifico mucho con el tiburón blanco» puede dar al traste con tus expectativas laborales tanto como decir «el pez», insertar una incómoda pausa y rematar «payaso» sin despegar los ojos de tu interlocutor.
Pero no desesperéis, amantes de los escualos, porque Tripwire llega con Maneater bajo el brazo para que, de una vez por todas, saquemos a la luz el tiburón que llevamos dentro y conquistemos los siete mares.
Pero no vamos a encarnar a un tiburón cualquiera. En Maneater, contra todo pronóstico, hay una narrativa que hila toda la experiencia de juego: Scaly Pete, una de las leyendas locales de la pesca, está protagonizando un documental sobre el noble arte de la caza del escualo mientras se topa con un descomunal tiburón toro que no hace más que aterrorizar la ciudad de Port Clovis. Tras cazarlo y ejecutarlo sin piedad alguna, descubre no solo que es una hembra, sino que además está embarazada de una cachorrilla a la que quiere dejar su marca por si se topa con ella más adelante. En un temprano acto vengativo, nuestra heroína, antes de dar con sus cartílagos en el bayou, se lleva la mano de Pete como recuerdo, probando por primera vez el dulce sabor de la justicia y de la carne humana.